Siempre he creído que sí me hubiera inclinado a estudiar otra profesión hubiera sido poeta. El lenguaje escrito no es algo que se me dé, por así decirlo, de manera natural. Lo mío es la pinche abstracción. Lo cual no explica por qué chingados tengo una ligera pasión por la investigación. Me caga el drama. Me incomoda cuando la gente se siente tonta frente a mí. No es mi intención. Similar a cuando uno entiende sobre el impacto sexual o animal que uno causa frente al sexo opuesto. Almost too self-consciously. Sin embargo, todo esto sólo ocurre en mi imaginación.
No me gusta filosofar o teorizar sobre ideas que ya han sido discutidas hasta el cansancio. Es aquí en donde el lenguaje abstracto entra a la jugada. La negatividad que existe al expresar mis ideas es un ejemplo más de como observo el mundo que me rodea. ¿Cómo yo entiendo a los demás? Mí mente está siempre llena de preguntas aun cuando las respuestas no son algo que me interese particularmente. Imágenes. No.
En la vida creativa ya no hay reglas. Sí hace diez años pensaba que creía que había que “saber las reglas para poder romperlas” hoy puedo decir que estaba en un error. Esta idea ya no me interesa. Y me sigo haciendo preguntas mientras bebo en el bar de la esquina. A esto se reduce lo que podría ser un párrafo entero de un cuento. A mí sentado solo en la barra de un bar. Nunca he sido muy bueno para iniciar una plática. Me muevo en una sola dirección. Prefiero coger en la primera noche que invitar a alguien a un tomar un café. Mi idea de felicidad es vivir en una orgía infinita.
En música, a diferencia de las letras o las artes visuales, es muy difícil llegar a entender el concepto de creación automática. Lo hice en automático. No me di cuenta o sé cómo lo hice. Un garabato en música resulta casi imposible porque el adiestramiento que ésta requiere suele ser tan mecánico que al final no es más que eso: una serie de patrones de movimiento convencionales.
Al final, todos estos recuerdos se quedarán en mi cerebro. Muchos momentos ya los he olvidado y otros cuando pienso en ellos me hacen sentir por instantes como si los estuviera viviendo de nuevo. Como el día en que estuve a punto de internarme en un hospital psiquiátrico. El llorar. El paseo por la ciudad. Recuerdo esa tarde perfectamente. Mi adicción a los antidepresivos. Fue una curva sinusoide que casi termina linea plana. Una caída sin fin.
Sí describir un minuto de tú vida puede tomarte una página entera. No sé por qué sigo escribiendo.
No me gusta filosofar o teorizar sobre ideas que ya han sido discutidas hasta el cansancio. Es aquí en donde el lenguaje abstracto entra a la jugada. La negatividad que existe al expresar mis ideas es un ejemplo más de como observo el mundo que me rodea. ¿Cómo yo entiendo a los demás? Mí mente está siempre llena de preguntas aun cuando las respuestas no son algo que me interese particularmente. Imágenes. No.
En la vida creativa ya no hay reglas. Sí hace diez años pensaba que creía que había que “saber las reglas para poder romperlas” hoy puedo decir que estaba en un error. Esta idea ya no me interesa. Y me sigo haciendo preguntas mientras bebo en el bar de la esquina. A esto se reduce lo que podría ser un párrafo entero de un cuento. A mí sentado solo en la barra de un bar. Nunca he sido muy bueno para iniciar una plática. Me muevo en una sola dirección. Prefiero coger en la primera noche que invitar a alguien a un tomar un café. Mi idea de felicidad es vivir en una orgía infinita.
En música, a diferencia de las letras o las artes visuales, es muy difícil llegar a entender el concepto de creación automática. Lo hice en automático. No me di cuenta o sé cómo lo hice. Un garabato en música resulta casi imposible porque el adiestramiento que ésta requiere suele ser tan mecánico que al final no es más que eso: una serie de patrones de movimiento convencionales.
Al final, todos estos recuerdos se quedarán en mi cerebro. Muchos momentos ya los he olvidado y otros cuando pienso en ellos me hacen sentir por instantes como si los estuviera viviendo de nuevo. Como el día en que estuve a punto de internarme en un hospital psiquiátrico. El llorar. El paseo por la ciudad. Recuerdo esa tarde perfectamente. Mi adicción a los antidepresivos. Fue una curva sinusoide que casi termina linea plana. Una caída sin fin.
Sí describir un minuto de tú vida puede tomarte una página entera. No sé por qué sigo escribiendo.
